Don Alfonso Chase rompió su propio miedo a la muerte por causa de su enfermedad y se atrevió a levantarse, cargado de positivismo, de su aire irreverente, de su autenticidad y amor por las letras.
Esta leyenda de la literatura que dio sus primeros pasos en 1966 con su primer libro “Los reinos de mi mundo”, ha sido merecedor de numerosos reconocimientos por su trabajo en novela, cuento, poesía y ensayo e incluso recibió el máximo galardón como lo es el premio Magón, por su labor de toda una vida.
Don Alfonso Chase nos recibió en su casa para compartir con nosotros una parte de su historia.
¿Qué nos puede decir de su papel como gestor popular que le traiga más gratas memorias?
Es como el cuento de don Quijote contra los molinos de viento, vine a nacer en un país en el que ser gestor popular significa una lucha constante contra un medio y un sistema, en el que la cultura forma parte de la quinta prioridad que tiene la gente.
¿Y considera que esto ha cambiado?
Sí, claro que ha cambiado, no por mi labor, si no por la revaloración que hicimos de la vida de otras personas y de sus obras que apostaron montones desde el principio del siglo, como Brenes Mesén, José Joaquín García Monge y hasta los más nuevos creadores narrativos y poetas.
La Editorial Costa Rica nació en 1959, ¿si usted tuviera que compararla con lo que fue en sus inicios y lo que es ahora que diferencias podría mencionar?
En realidad ninguna, pues siempre ha tenido una vida anacrónica clásica, no tenía claro cómo deshacerse de los libros ya fuera regalándolos, donándolos o vendiéndolos.
No tuvo una política de venta porque nació atada a las locuras de la contraloría de esa época, esto comenzó a cambiar hasta finales de los años noventa cuando llegó Habib Succar y creó un departamento de ventas.
¿Y qué pasaba con la obra de los escritores?
Bueno se tenía a grandes vendedores como José León Sánchez y Johnny Fernández pero nunca tuvo la editorial un departamento de ventas, porque nació para divulgar la obra pero siempre terminaba con un montoncillo de libros guardados al no saber a quién dárselos, pues debemos aceptar que la población de Costa Rica no es hábilmente lectora.
Y esto prosiguió hasta que José León inventará la venta al sector de los maestros y empleados públicos, acción que tuvo mucho éxito
Mirar con inocencia se refiere a usted mismo como personaje de su propia historia, siendo una persona gay en una sociedad donde haber sido gay en ese tiempo fue muy duro y se tuvo que enfrentar a muchas dificultades ¿Qué siente usted que quedó del Alfonso Chase de esa época?
Uno elabora lo que se llama la estrategia de la araña, la lógica del insecto como sobrevivir en una ciudad como la nuestra y en una sociedad tan poco amable sobre el tema y más siendo escritor.
¿Don Alfonso cómo descubrió su vocación como escritor, hubo alguien que lo impulsara?
La soledad del niño de ventana, cuando vivía en Golfito frente a la bahía, deseaba escribir sobre lo que no estaba viendo pero podía inventar.
¿Cuándo empezó a escribir tenía en mente algún modelo literario?
Mi papá tenía un modelo que me heredó, el escritor estadounidense Jack London.
¿A parte de él tiene alguna otra influencia?
Miguel Ángel Asturias con leyendas de Guatemala, es lo que más me impregnó entre los 15 y 16 años. Además Julio Verne por supuesto y libros fundamentales que la mayoría han olvidado como: los Miserables de Víctor Hugo, quien era la figura más importante y simbólica del siglo XIX.
Y el primer escritor de vanguardia que leí fue Julio Cortázar, con su primer libro de cuentos.
¿Actualmente Costa Rica sigue aplicando las mismas políticas culturales?
No ni siquiera políticas que puedan estar sujetas a una visión liberacionista, por ejemplo la de don Alberto Cañas que en su época todos seguimos, a diferencia de la que existe actualmente que es una cultura de entretenimiento.
¿En qué se inspira don Alfonso Chase hoy?
En el pasado, el presente y el futuro y aunque el futuro para mi fuera la muerte, es el futuro.
¿Sigue escribiendo con la misma frecuencia con la que lo hacía antes?
Amar quiere decir escribir, de pronto escribo con mucha más lentitud y sin compartirla las cosas con personas, yo creo que tengo dos libros de poesía trabajados y bien planteados pero no me interesa publicarlos, lo que me interesa es tener la facultad de escribir, de hablar, de pensar.
¿Intelectualmente la carrera de don Alfonso Chase, ha sido continua o se puede dividir en partes? ¿Cuáles son?
Es continuo porque en primer lugar no es una carrera, en segundo es un solo libro en el que he tratado de escribir la historia de los demás y la de mi propia vida.
¿Qué falta para que en este país la cultura tenga el lugar que necesita y merece?
Ser culto, si usted es culto no puede ser ministro de cultura
¿Qué significa para usted ser culto?
Tener una visión planetaria, no sólo de segmentos, la cultura en si es un proceso totalmente planetario que abarca todas las facetas culturales y renacentistas. El único espacio donde no puede haber democracia es la cultura.
¿Qué piensa don Alfonso Chase de los últimos premios Magón?
Pienso que están dados de acuerdo con las reglas que determinan que es un premio Magon en el siglo XXI, lo que ha provocado un cambió en el sentido de lo que se considera una obra literaria, yo ni siquiera lo llamo así, ya Magón pasó, debería llamarse García Monge, Rodrigo Facio o lo que fuera.
Ahora muy astutamente los reformadores de los Premios Nacionales buscan crear dos secciones que son: el Magon y el premio Emilia Prieto, así resuelven un problema de una cultura audiovisual y la tradicional ideológica.
¿Está de acuerdo usted con eso?
Por supuesto que no, porque yo inicié eso con Carlos Luis Fallas y Hernán Peralta, pero en eso había una cosa muy importante éramos cuatro los que votábamos y Carlos Luis Fallas estaba enfermo de cáncer y el hecho que se les diera fue que ambos estaban en igualdad de condiciones
¿Qué piensa sobre el nuevo centro para las artes literarias Carmen Naranjo?
Bueno yo creo que se lo sacaron de la manga, el punto no es el hecho de poner una placa sino que se transforme en una labor continúa.
Además lo más grande que hizo Carmen en su época fue crear el Colegio de Costa Rica, y con la acción de trasladarlo a la Estación del Atlántico lo que provocan es segmentar más los aspectos de las artes interpretativas, el problema es muy complejo y merecería ser discutido por la clase pensante si la hay.
¿Qué les aconseja a los nuevos escritores que están surgiendo, intentando hacer de su obra literaria una que trascienda?
Que conciban el arte y la cultura como un proceso histórico personal y colectivo, donde cada uno aporta lo que le corresponde.
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lunes, 26 de marzo de 2012
jueves, 10 de noviembre de 2011
Maestro de nada, aprendiz de todo
Lejos de las vanidades del mundo, cerca de las verdades del alma Habib Succar repasa su vida y huye del ruido de los medios, del halago gratuito y confiesa que “aprendí de todo y soy maestro de nada.”
A los 23 años publicó “Agua fértil” su primer poemario. Recibió el premio Jorge Debravo por su segunda obra y en el año 2000 escribió su novela más conocida “La señal de Caín”.
“Los artistas necesitan tener un ego muy grande, en eso me volví un experto. Ahora estoy interesado más en buscar las cosas del espíritu que trascender con mi obra, buscando la fama y comentarios en los medios, a mi ya nada de eso me interesa, porque hay demasiada vanidad, mezquindad…”
Succar es un diletante y compartió con nosotros su visión del mundo...
¿Tiene alguna obra en el horno? No, perdí el oficio y sólo cuento con poemas sueltos. Lo último que escribí fueron poemas de amor en el 2004.
¿Cuál es la obra que más lo distingue? La revista Revenar. Empecé a las 26 años. Durante ocho años le entregué alma, vida y corazón. Publiqué 14 ediciones e incluía: narrativa, poesía, ensayo, critica, una sección especial, documentos y artes plásticas.
¿De qué le servió esa publicación? Tener una posición privilegiada en el gremio. Había un consejo editorial que permitía darle cierto prestigio académico e intelectual, conformado por amigos que me consentían poner su nombre, pero sin embargo era un simple adorno. El proceso de realización de la revista era completamente artesanal, con la colaboración del pintor Fernando Castro.
¿Alguna influencia? El poeta salvadoreño Germán Salas un salvadoreño, al cual conocí por Marjorie mi novia durante dos años que vivía en una casa con varias familias, la mayoría de paso.
¿Es muy complicado? Como consecuencia del despido de la gerencia de la Editorial Costa Rica, donde poseía un nivel de vida alto y sobre todo estable, pero con mi salida de ahí en adelante he sufrido problemas económicos serios, que si aún conservara el oficio habría constancia de lo que he vivido.
¿Cómo nació el grupo Sin Nombre? De una manera muy natural, había un grupo de jóvenes discípulos de Alfonso Chase con el que se reunían en su apartamento.
¿Quiénes eran? Carlos María Jiménez, Gerardo Morales, Samuel Feterman, Mario Camacho, Dennis Mesén, Víctor Hugo Fernández, Fernando Castro Z, Mario Camacho, Jorge Treval entre otros, en total éramos 16, incluyendo Ana Istarú a quien adoptamos en el grupo cuando tenía 15 años.
¿Eran como la Sociedad de los poetas muertos? Sí. Con mi llegada se conformo el grupo de una manera más integral, volviéndome como me ha sucedido en muchas ocasiones, en la gota que derramoó la copa, gracias a los dotes de liderazgo con los que he contado.
¿En qué pensaban? Deseábamos cambiar el mundo políticamente hablando, todos éramos de izquierda y creíamos ser llamados hacer una revolución. Casi todos éramos militantes de la juventud comunista, como parte de la Juventud Vanguardista Costarricense del partido Vanguardia popular.
El grupo concluyó como consecuencia a los distintos caminos que cada uno tomó que nos terminaron dispersando geográficamente.
¿Qué hace ahora con su labor literaria? En mi tiempo era una herramienta de lucha, un arma para pelear por la revolución social. Ahora yo la veo como un ejercicio muy intimo de comunicación, creación de belleza aunque sea de contenido político, y no creo en lo absoluto que a pesar de la actitud o talento de un poeta, posea la capacidad de transformar la sociedad.
¿Cuál es la diferencia entre la generación de los 70 y la actual? Nosotros padecíamos de un activismo, buscábamos llevar la poesía al pueblo, realizábamos recitales de poesía donde nos lo permitieran, pero también lo hicimos de manera sistemática realizando un programa por varios años en distintos parques del país, donde leíamos poesía, llevábamos una exposición de arte y a veces música.
¿Qué papel desempeña la cultura en el estado? Es la gallina de los huevos de oro. La ignorancia de los presidentes no les ha permitido ver el potencial de la cultura para producir dinero, como en Disney, o la industria discográfica y la cinematográfica.
¿Por qué esa desidia? Hay una gran pobreza conceptual, pero también influye que todos los ministros que han sido nombrados son personas sin ningún peso político, que no pueden golpear la mesa para exigir un presupuesto adecuado.
¿Qué se necesita? Que le brinden un presupuesto cinco veces mayor al actual y se van a poder ver los resultados y lo réditos políticos que eso deja; no solo a nivel económico sino político puesto que por medio de la cultura se puede crear una imagen política de una forma más aceptable, saliendo en diferentes medios.
¿Cuál fue su aporte como gerente de la Editorial Costa Rica? Dos veces llegué a la gerencia. La primera vez en el año 88 y la segunda en el año 98. En ambas ocasiones la encontré quebrada no tenía un cinco para producir un solo libro, a pesar que se tenían aprobados 180 libros que hacían fila desde hace cinco años, a los autores se les debía millones de colones por los derechos de autor, pero fue sólo a la gracia de Dios que logre sanear la situación institucional a nivel financiero, aumentar las ventas, la producción.
A los 23 años publicó “Agua fértil” su primer poemario. Recibió el premio Jorge Debravo por su segunda obra y en el año 2000 escribió su novela más conocida “La señal de Caín”.
“Los artistas necesitan tener un ego muy grande, en eso me volví un experto. Ahora estoy interesado más en buscar las cosas del espíritu que trascender con mi obra, buscando la fama y comentarios en los medios, a mi ya nada de eso me interesa, porque hay demasiada vanidad, mezquindad…”
Succar es un diletante y compartió con nosotros su visión del mundo...
¿Cuál es la obra que más lo distingue? La revista Revenar. Empecé a las 26 años. Durante ocho años le entregué alma, vida y corazón. Publiqué 14 ediciones e incluía: narrativa, poesía, ensayo, critica, una sección especial, documentos y artes plásticas.
¿De qué le servió esa publicación? Tener una posición privilegiada en el gremio. Había un consejo editorial que permitía darle cierto prestigio académico e intelectual, conformado por amigos que me consentían poner su nombre, pero sin embargo era un simple adorno. El proceso de realización de la revista era completamente artesanal, con la colaboración del pintor Fernando Castro.
¿Qué lo llevó a la literatura? Un poema de protesta contra mi padre, el cual era alcohólico y a los 17 años tomé conciencia de eso, empecé a cuestionarme más la situación.
¿Alguna influencia? El poeta salvadoreño Germán Salas un salvadoreño, al cual conocí por Marjorie mi novia durante dos años que vivía en una casa con varias familias, la mayoría de paso.
¿En que paró esa relación? Después de terminada me inicie con la marihuana, bajo su influencia se me disparó la creatividad, de lo cual el 90 % era basura y el diez restante con el trabajo posterior valía la pena.
¿Escribía drogado? Con el correr de los años la situación se invirtió y debido a la droga ya no podía escribir. Pero cuando me encontraba al borde del suicidio, llegue a narcóticos anónimos y gracias a eso pude superar las drogas.
¿Cómo volvió a escribir? Retorné a la escritura pero con un estilo y temática completamente diferente. Fue en ese momento que realice mi primera novela, que era un sueño que consideraba inalcanzable por su grado de complejidad, la cual es de naturaleza auto biográfica.
¿Escribía drogado? Con el correr de los años la situación se invirtió y debido a la droga ya no podía escribir. Pero cuando me encontraba al borde del suicidio, llegue a narcóticos anónimos y gracias a eso pude superar las drogas.
¿Cómo volvió a escribir? Retorné a la escritura pero con un estilo y temática completamente diferente. Fue en ese momento que realice mi primera novela, que era un sueño que consideraba inalcanzable por su grado de complejidad, la cual es de naturaleza auto biográfica.
¿Retomará el oficio de escritor? Si agarrara el oficio sé que me saldría una poesía muy bonita, porque ahora tengo cosas muy lindas adentro, pero Dios sabrá si me da los medios materiales para desligarme del trajín que vivo actualmente.
¿Es muy complicado? Como consecuencia del despido de la gerencia de la Editorial Costa Rica, donde poseía un nivel de vida alto y sobre todo estable, pero con mi salida de ahí en adelante he sufrido problemas económicos serios, que si aún conservara el oficio habría constancia de lo que he vivido.
¿Cómo nació el grupo Sin Nombre? De una manera muy natural, había un grupo de jóvenes discípulos de Alfonso Chase con el que se reunían en su apartamento.
¿Quiénes eran? Carlos María Jiménez, Gerardo Morales, Samuel Feterman, Mario Camacho, Dennis Mesén, Víctor Hugo Fernández, Fernando Castro Z, Mario Camacho, Jorge Treval entre otros, en total éramos 16, incluyendo Ana Istarú a quien adoptamos en el grupo cuando tenía 15 años.
¿Eran como la Sociedad de los poetas muertos? Sí. Con mi llegada se conformo el grupo de una manera más integral, volviéndome como me ha sucedido en muchas ocasiones, en la gota que derramoó la copa, gracias a los dotes de liderazgo con los que he contado.
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| Revista Revenar |
¿En qué pensaban? Deseábamos cambiar el mundo políticamente hablando, todos éramos de izquierda y creíamos ser llamados hacer una revolución. Casi todos éramos militantes de la juventud comunista, como parte de la Juventud Vanguardista Costarricense del partido Vanguardia popular.
El grupo concluyó como consecuencia a los distintos caminos que cada uno tomó que nos terminaron dispersando geográficamente.
¿Qué hace ahora con su labor literaria? En mi tiempo era una herramienta de lucha, un arma para pelear por la revolución social. Ahora yo la veo como un ejercicio muy intimo de comunicación, creación de belleza aunque sea de contenido político, y no creo en lo absoluto que a pesar de la actitud o talento de un poeta, posea la capacidad de transformar la sociedad.
¿Cuál es la diferencia entre la generación de los 70 y la actual? Nosotros padecíamos de un activismo, buscábamos llevar la poesía al pueblo, realizábamos recitales de poesía donde nos lo permitieran, pero también lo hicimos de manera sistemática realizando un programa por varios años en distintos parques del país, donde leíamos poesía, llevábamos una exposición de arte y a veces música.
¿Qué papel desempeña la cultura en el estado? Es la gallina de los huevos de oro. La ignorancia de los presidentes no les ha permitido ver el potencial de la cultura para producir dinero, como en Disney, o la industria discográfica y la cinematográfica.
¿Por qué esa desidia? Hay una gran pobreza conceptual, pero también influye que todos los ministros que han sido nombrados son personas sin ningún peso político, que no pueden golpear la mesa para exigir un presupuesto adecuado.
¿Qué se necesita? Que le brinden un presupuesto cinco veces mayor al actual y se van a poder ver los resultados y lo réditos políticos que eso deja; no solo a nivel económico sino político puesto que por medio de la cultura se puede crear una imagen política de una forma más aceptable, saliendo en diferentes medios.
¿Cuál fue su aporte como gerente de la Editorial Costa Rica? Dos veces llegué a la gerencia. La primera vez en el año 88 y la segunda en el año 98. En ambas ocasiones la encontré quebrada no tenía un cinco para producir un solo libro, a pesar que se tenían aprobados 180 libros que hacían fila desde hace cinco años, a los autores se les debía millones de colones por los derechos de autor, pero fue sólo a la gracia de Dios que logre sanear la situación institucional a nivel financiero, aumentar las ventas, la producción.
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